“A veces la vida sangraba mientras que lloraba, era como apreciar aquella abertura en su naturaleza, que, por ende, todos teníamos, porque cada vez que una gota de rojo carmesí salía de la tierra, de las plantas, del cielo e incluso del aire, también salía de mí; era como ser uno mismo, sin embargo, mi dolor me alejaba cada vez mas de ella, como si aquello que nos unía, también nos separaba. A veces me preguntaba como seria si los dos sanáramos juntos, pero aquello era imposible, porque las heridas que teníamos en nuestra alma, se trataban de nuestra esencia, y sin ese dolor, estaríamos incompletos, nos faltaría esa parte que nos unía y que al mismo tiempo nos separaba.
Cuando ella lloraba, yo lo hacía, cuando ella gritaba, yo lo hacía, nuestro dolor era único, pero al mismo tiempo era muy usual, ella representaba su dolor a través de mí y yo representaba mi dolor a través de ella, y aquello era lo que nos hacía especial. Desde la nada nos fuimos uniendo y desde ese momento, ahora todos somos ella y ella es todos, todos ustedes son yo y yo soy todos ustedes, por ende, mi dolor es suyo y su dolor es nuestro.
Cada vez que la vida brillaba, yo me apagaba, cada vez que ella florecía, yo me secaba. Cada vez que yo triunfaba, ella perdía, y cada vez que yo era feliz, ella era infeliz, uno mismo, un completo, y un equilibrio, y así, era como estábamos conectados, a través del dolor, que por más que queramos esfumarlo, siempre será nuestra razón para estar unidos, pero también para estar condenados, y de eso se trata, el significado de uno y de la vida, del dolor, y el sufrimiento, de todos y de todo.
Deja que las lágrimas recorran tu rostro, deja que la tierra llore sangre, solo deja fluir, porque si fluimos, estamos más unidos, y al mismo tiempo, más solos»
